La vida material es un sinfín de pruebas y motivaciones que nos conducen a enfrentarnos una y otra vez a todo aquello que hemos venido a aprender. Nos reencarnamos con ese fin.
Sabemos y reconocemos que esa dificultad, esa prueba, ese problema no es nuevo. Sentimos un nudo en el interior que nos avisa que va a ser duro, incluso peligroso. Sin embargo, por más que vengamos preparados del mundo espiritual y repasemos en el sueño, lo difícil es superarlo en la vida material.
Pero y si yo os dijera que con la fe todo se puede. Y si yo os dijera, que si le pedimos a Dios que nos ayude a superarlo, lo haremos.
Elevemos el pensamiento a Dios
No se trata de pedirle a Dios que pase nuestro cáliz de largo para vivir otra página más placentera. Sino que nos ayude a entenderlo, que nos ayude a afrontarlo y que nos transmita la idea o ideas para superarlo. Porque de eso se trata, entender, comprender, hallar qué virtud, idea o recurso me falta para sobrellevarlo.
No se trata de pedirle a Dios la solución milagrosa, aquello de «que alguien lo haga por mí». Incluso, pedirle a Dios que actúe sobre alguno de nuestros hermanos en mi beneficio. ¿Qué le estamos pidiendo al padre de todos nosotros? Que yo soy diferente, acaso superior o mejor, que mis hermanos. Que me quiera más a mí y haga diferencias a mi favor para no sufrir o para evitar afrontar ese problema.
Si queremos que de verdad Dios nos ayude, vamos a tener que ser más respetuosos con Dios y confraternizar con el pensamiento espiritual. Porque Dios nos ayudará, si le pedimos con fe. Y la fe implica respeto y honestidad para con Dios, nosotros y los demás.
Se trata de ahondar en nuestra alma y pedirle a Dios que nos ayude a identificar ese sentimiento, esa idea que pueda liberarnos del sufrimiento.
También puede pasar que no nos guste lo que nos llegue porque de bien seguro, que nos hará trabajar. A eso hemos venido.
El entendimiento como fin del sufrimiento
Sufriremos hasta que no lo entendamos. Y el día que dejemos de sufrir será porque ya lo hemos entendido. Y si ya lo hemos entendido, ¿para qué seguir viviendo aquí en esta vida material? ¿Por qué tenemos que alargar esta vida que merma nuestra capacidad espiritual?
Hermanos, no sucumbamos al sentimiento de lo vano, de lo efímero, lo material.
La materia es otra cosa más de la creación del Padre, puesta a nuestra disposición para nuestra evolución como espíritus. El recrearnos en este cuerpo y afianzar este culto de lo material nos aleja de nuestra verdad intrínseca, el espiritismo de Dios.
¿Por qué nos aferramos a esta vida pensando que no hay nada más después de la muerte? Que tan poco os valoráis para veros encadenados a esta tierra.
Si no vemos, si no sentimos, si no recordamos como espíritus, es por nuestro interés para con esta vida. Porque si de verdad recordáramos lo que somos, nuestra capacidad, nuestros hermanos, nuestra inteligencia real; entonces, sí que sería una calamidad vivir en la materia. Una crueldad, una prisión, un drama.
Sin embargo, Dios no ahoga. Dios nos da lo imprescindible para que busquemos, nos da la llama justa para que sintamos y nos da la inteligencia limitada para hacer nuestra vida.
Si, hermanos, estamos limitados y mucho. Por lo que si algunos se han crecido por sus descubrimientos y gozan del reconocimiento, sepan que lejos están de su inteligencia real, la espiritual.
Y sintiendo que estas palabras queman en vuestro interior y se cruza el pensamiento de que podría ser posible, entonces, ¿a qué esperamos?
El materialismo nos ciega
Nos hemos sumergido en el consumismo de las cosas. Parece que las relaciones son cotizables. Que no tiene valor emprender, mejorar o luchar por esta vida.
Qué más da, muchos dicen, si vamos a morir igualmente. Disfrutemos en vida, recorramos y profundicemos en los placeres mundanos y regocijémonos al máximo de este cuerpo.
¿Para que comprometerme con una relación, si puedo obtener sexo y compañía cuando quiero? ¿Para que mejorar en mi trabajo, si no me van a pagar más? ¿Para que ayudar a mis hermanos, si no me voy a beneficiar? ¿Para qué luchar por mi hijo, si ya le tocará a él vivir su vida?
Indiferencia, impasividad, incoherencia. Es el cáncer del alma que avanza derrumbando a su paso toda esperanza de vida. Porque si os creéis que eso es vida, os equivocáis.
Recordad, somos espíritus. ¿Qué espíritu vive de algo material?
¿Dónde está vuestro amor? ¿Por qué lo enterráis en vicios? ¿Por qué os hacéis los sordos? ¿Por qué os pasáis la vida mirando a otro lado?
Y llegáis a la ancianidad, y como el alma se hace más translúcida al cuerpo, dado nos estamos preparando para morir y volver al mundo espiritual. Entonces, llegan esos sentimientos que ya no podemos ensordecer y los remordimientos estremecen.
Si pudiera cambiar el pasado, muchos dicen. Si pudiera volver a empezar.
No te preocupes, oportunidades hay. El espíritu es eterno.
Pero sabes, preparar una vida material, reencarnarse, no es fácil. Requiere de mucha dedicación y entereza. Dicho de otra manera, tendrás que repetir de curso.
Y no solo eso, tus guías, los que te acompañan. También.
Y además, probablemente tus hermanos más cercanos, aquellos con los que siempre te reencarnas, ya no van a tu mismo curso.
Sí, siempre hay consecuencias.
El Espiritismo de Dios es el camino
¿Dónde buscar a Dios? En ti, en tu interior. No vayas a buscarlo a una iglesia, al templo de no sé qué monte o en el transcurso de un ritual. Dios es sencillo, aquí los únicos que complicamos las cosas somos nosotros.
Basta con elevar el pensamiento. Y si el deseo y el sentimiento son buenos, Dios os ayudará. Y cuando me refiero a buenos, me refiero a sin maldad, sin peticiones egoístas, sin imposiciones. Si no sabemos, si no entendemos, cómo vamos a pedir, cómo sabemos nosotros la solución.
La humildad es la base de todo. Yo Dios, no sé nada, no sé cómo solucionarlo. Sólo sé que tengo este problema y que tengo fe y amor suficiente para elevar mi pensamiento y pedirte con toda mi alma que me ayudes a encontrar la solución.
Dios nunca pide nada a cambio. No es necesario un sacrificio, dinero, promesas. No ensuciemos el sentimiento del alma con una recompensa material. No corrompamos el sentimiento de Dios como si fuera un dios pagano.
¿Quieres de verdad dar las gracias a Dios? Sé bueno. Enfrenta tus problemas. Trabaja tus faltas. Lucha por entender el Espiritismo de Dios y elevarlo sobre esta realidad material.
Demuestra que la vida material que te ha dado y que tanto has preparado, con su bendición y con los hermanos superiores, está dando su fruto. Que paso a paso te acercas más a Él. Que Él nos está esperando hace mucho tiempo para poder aprender y evolucionar a otros mundos espirituales con Él.
Qué mejor gratitud, que seguir su camino como Él nos enseña.

