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Amar al prójimo

Jesús enmarcó dos grandes mensajes en sus predicaciones: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. ¿Pero qué significa amar al prójimo? ¿Cómo podemos articularlo en la cotidianidad de la vida?

Dios nos dice que siempre amemos al prójimo

Si Dios nos dice que siempre amemos al prójimo, debemos pensar que, sin duda, es lo mejor para nosotros.

Dios quiere a todos sus hijos por igual y quiere lo mejor para nosotros. Por eso motivo, actúa procurando hacer todo lo que sea favorable para nosotros.

Amar a nuestro prójimo significa respetarlo, que nos sintamos humildes con él y le ayudemos en todo lo que precise, siempre y cuando, nosotros podamos aportarle.

Amarlo como a ti mismo, implica que no deseemos al prójimo lo que no queramos para nosotros mismos, sino que nos relacionemos con ellos con respeto, sean familia o no. Al fin y al cabo, somos todos hermanos.

Si lo así lo hacemos, nos podremos sentir orgullos y dignos de ser hijos de Dios. Y para Dios sería una gran satisfacción porque respetando al prójimo, nacen cosas buenas que elevan la capacidad del espíritu y engendra nuevas raíces de beneficio en el alma. Raíces que retoñan en nuevas ilusiones y nuevos retos encaminados hacia la grandeza de Dios.

Deseoso está este Dios nuestro de acogernos, de que le escuchemos. De igual forma, que escuchemos a nuestro prójimo con el afán y el buen propósito de ayudarles.

Porque para que te escuchen a ti, tienes que empezar a respetar la opinión de los demás. Y respetando ambas opiniones, se podrá oír aquella opinión que brota iluminándonos, la Palabra de Dios, limpia y pura.

La Palabra de Dios nos enseña a amar al prójimo

Tenemos que escuchar la Palabra Dios y aprender del amor de Dios Padre hacia nosotros, sus hijos. Y si lo comprendemos, aunque sea de una forma muy sen­cilla, nos daremos cuenta también, que somos hermanos de un mismo Padre.

Debemos ayudar a nuestro prójimo en sus deberes cotidianos: aquél que está enfermo y también aquél que busca amabilidad y no comprende la vida espiritual.

Por ese motivo, aquellos que de alguna manera estén relacionados con la Palabra de Dios, bien porque estén al lado de médiums clarividentes o bien porque estén familiarizados con algún libro de Dios; podemos ayudarles a comprender sus dificultades en esta vida con la Palabra de Dios.

Y les podremos explicar cosas que le lleven a comprender la verdad del Padre y le encaminarás a que eleve su pensamiento con fuerza e ilusión a Dios para que le ayude a superar todos esos obstáculos de la vida misma.

Ese prójimo lo hallarás en la familia, en un amigo, sea quien fuere, cualquier persona de al lado necesitada. Y si nosotros podemos hacerlo, hagámoslo.

Si está solo, dale compañía. Si está falto de moral, anímalo. Si está enfermo, atiéndelo.

Porque cuando eso ocurra, la satisfacción de ver que un hermano te ayuda, es alegría suficiente para restaurar nuestra satisfacción. Es la curación que necesitamos, la curación del alma. Y Dios premia a los que curan el alma.

Llegar hasta la presencia de Dios requiere de un largo camino de superación, pero solo hay un camino. Y ese camino es el del bien, el de la luz, el de la bondad y la humildad.   

En el marco de nuestras posibilidades

Y siguiendo este gran deseo de Dios hacia la ayuda del prójimo, encontramos también las divergencias de comprensión. Porque son muchas las religiones en este planeta y muchas entonces, las formas de comprensión.

Parece que llevar una vida ascética dedicada al prójimo, bien sea como eclesiástico o miembro activo de una congregación religiosa, sea el máximo estandarte y representación de amor al prójimo.

Pero si así pensamos, lejos estamos de entender la Palabra de Dios.

Porque es cierto, muchos de nosotros necesitaremos una reencarnación dedicada a Dios y al prójimo, para concienciarnos e imprimir esos valores de respeto y humildad hacia nuestros hermanos.

Pero todos y cada uno en su situación, podemos amar al prójimo. No tiene por qué ser con dinero, ni dedicando una vida exclusiva a ello; simplemente hay que estar atento y dispuesto.

El mundo que nos rodea está lleno de situaciones de necesidad, de dificultades y penumbras. Podemos claro, preocuparnos de lo que ocurre en el mundo, pero hagamos aquello que realmente podemos abarcar.

Dios te ha puesto en esta vida y en esta situación, preocúpate por aquellos que están a tu lado porque sin duda, son los que mejor podrás ayudar.

El vecino que no sale de casa, la compañera que llora desconsolada, el amigo que hace tiempo que no llama, el familiar que se ha quedado sin trabajo. Este es el prójimo que nos necesita.

Y siempre dentro de nuestras posibilidades. Y con esto queremos decir, que no hace falta para ayudar al prójimo, dejar mi vida a un lado, incluso desatender a mi propia familia, para ayudar a ese prójimo.

Porque hay religiones y sectas que así lo prodigan. Y promulgan a sus fieles abandonarlo todo para volcarse con el prójimo, siendo el prójimo a veces, su propia institución religiosa.

Hermanos, no caigamos en las falsas satisfacciones de aquellos que nos adulan por recibir nuestra ayuda y nuestros favores.

La ayuda al prójimo debe ser limpia, como puro es el amor de Dios que nos procesa.

Si corrompemos esa ayuda con intereses desviados, destinados a engrandecer nuestro ego, sólo estaremos entorpeciendo a ese prójimo y embruteciendo nuestra alma.

Seamos pues conscientes, una vez más, de que ayudar al prójimo implica respeto y humildad por encima de todo, en la situación que nos ha tocado vivir.

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