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La verdad del Cristo

Cuántos diluvios encontraremos arqueológicamente hablando? Muchos, pues cada civilización ha ido adaptando a su cultura e interés la historia.

Cuantos Cristos encontramos actualmente? Muchos, pues cada religión ha ido adaptando su historia, su legado, la verdad del Cristo, conforme a su cultura e interés.

Pero en verdad, sólo hubo un diluvio, el diluvio de Noe. Y sólo hay un verdadero Cristo, Jesús. Jesús, el que vino a decirnos que no necesitábamos de templos ni sacerdotes para seguir a Dios, el que vino a enseñarnos que la verdad está en nosotros mismos. Aquel que vino en definitiva a engrandecernos, a adentrarnos en otra etapa ideológica, lejos de los códigos éticos intolerantes del judaísmo, de las complicaciones de las religiones.

Sin embargo, el cristianismo ha coronado tres de las grandes religiones del mundo y aun así, a pesar de que han hecho servir su nombre para volver a caer en las redes de la esclavitud ideológica, podemos hablar de éxito. Pues como dice el mismo Jesús, aunque sólo haya servido para salvar a un hermano, sin duda, ha valido la pena.

La salvación del Cristo

La salvación que nos ofrece Jesús, no es salvarnos de la muerte, la guerra o incluso el desconocimiento del cristianismo. Tampoco es la resurrección, pues todos resucitamos tras la muerte cuando volvemos a nuestro mundo, el mundo espiritual.

La salvación tiene un significado ideológico que va más allá de cualquier ente materializado. Se trata de salvarnos de las reencarnaciones vacías, del materialismo que nos encadena una y otra vez a repetir reencarnaciones sin conseguir evolucionar como espíritu.

Esa salvación sólo se consigue elevando el espíritu por encima del sentimiento material y depende exclusivamente de nosotros mismos. Estamos cegados por aquello que ven nuestros ojos, aquello que siente nuestro cuerpo, aquello que creemos está ligado a nuestro cuerpo material.

De verdad creéis que Dios ha montado el universo, el mundo que vivimos y todos los sistemas planetarios que aún no conocemos, para que vivamos una única vida material de no más de 100 años?

No veis que nuestra inteligencia va más allá de lo que este cuerpo puede albergar? Que nuestro sentimiento no cabe en este cuerpo y que siempre sueña con traspasar aquello que conocemos?

Sí, ese es el sentimiento espiritual. Porque somos espíritus y por y para el espíritu es porque Dios ha creado este y todos los mundos existentes. Los ha creado para que aprendamos una serie de cosas que nos es difícil aprender como espíritus. Y nos reencarnamos una y otra vez hasta comprenderlo.

Y una vez alcanzada la vida eterna, por tanto, ya no necesitamos reencarnarnos. Aún así, nos reencarnamos para ayudar al resto de hermanos. Y el ayudar a esos hermanos, es el cometido del Cristo, Jesús, nuestro hermano. A pesar de no necesitar reencarnarse, vino a salvarnos.

El éxito del Cristo

Si fuese querido dejar sus palabras, su enseñanza, en un libro, en un pergamino, lo fuese hecho. Pero ese no era su objetivo. Su misión era revolucionar el pensamiento del hombre y quiso que el hombre mismo fuera el trasmisor del cambio.

Hasta ese momento el hombre se había amparado en la ley de Moisés y Jesús quería romper esa dependencia. Su enseñanza era sencilla, al igual que sus palabras.

Somos espíritus, hijos de Dios, no necesitamos de templos ni personas que intervengan como mediadores entre nosotros y Dios.

La verdad de la existencia está en nosotros mismos. Nuestro espíritu está creado a partir de una partícula de Dios, a semejanza de Dios mismo.

La vida material tiene la función de aprender a través del sufrimiento y con la superación de las reencarnaciones, conseguir la vida eterna para poder seguir aprendiendo de Dios mismo en el mundo espiritual, nuestro origen.

Si conseguimos elevar nuestro espíritu en la materia y prevalecer los sentimientos espirituales sobre la materia. Entonces, habremos ganado la vida eterna.

Sin embargo, existen guerras, aún hay esclavos, aún hay sed de justicia.

Hemos evolucionado, somos más inteligentes, pero esa inteligencia, más allá de invertirla en nuestro conocimiento espiritual, lo alentamos para engrandecer la barbarie. Y pronto tendremos robots y naves, pero seguiremos teniendo guerras y esclavos.

Para el consuelo de muchos, el Cristo ha sido un éxito para unos pocos.

El futuro del Cristo

Jesús nos dice, que a pesar de que el Cristo caiga en olvido, que la guerra y la esclavitud sigan en este mundo, que las falsas religiones o el ateísmo arraiguen en los corazones de los hombres, Dios mantendrá la llama para aquel que quiera salvarse, aunque sea sólo uno.

Para aquellos que abanderamos las enseñanzas del Cristo, seguiremos pues, ofreciendo conocimiento espiritual de salvación.

Hasta que Dios vea vale la pena mantener este mundo, así será.

Pero qué ocurrirá si a pesar de habernos dado inteligencia y no ponernos límites de conquista, no somos capaces de avanzar y nos sumimos en un ciclo constante de reencarnaciones vacías que no sólo no avanzamos, sino que involucionamos?

Entonces, Jesús volverá, pero no para hacer de Cristo. Ya no vendrá como cordero, sino como lobo. Vendará sus ojos y con espada en mano, arbitrará el juicio de Dios mismo. O dicho de otra manera, el mundo que conocemos desaparecerá y los espíritus se someterán a juicio para deliberar su existencia.

No es la primera vez que hay cataclismo en este mundo o en otros, hay vestigios arqueológicos suficientes en la Tierra, para que recordemos nuestra historia y de dónde venimos.

A veces es necesario hacer borrón y cuenta nueva, pues no vale la pena mantener aquello que lejos de favorecer al espíritu, lo entorpece. Y Dios decidirá quién puede continuar manteniendo su nivel de conocimiento y seguir reencarnándose o quien debe empezar de nuevo desde el primer mundo o quien incluso debe peregrinar espiritualmente para ganar su supervivencia.

El mensaje del Cristo

Jesús nació tras la unión de mujer y hombre como cualquier otro hombre.

Cierto que Dios concedió milagros para proteger la misión como la anunciación de su nacimiento, la virginidad de María o la desaparición del cuerpo de Cristo. Pero fue necesario para que la misión de Jesús culminara en éxito.

Cierto que Jesús obró milagros en nombre de Dios para atraer la atención de los hombres. Que conoció mujeres y estuvo muy unido a María Magdalena. Que su madre María lo acompañó siempre. Y Dios escogió a 12 de sus seguidores para otorgarles el don del Espíritu Santo, para que pudieran tener el don de la palabra y pudieran expandir el mensaje del Cristo. Que los 12 hicieron un magnífico trabajo y muchos de ellos ganaron la vida eterna con esa reencarnación. También Judas, pues fue Dios mismo quien lo escogió, aún sabiendo trabajaba para el mismo sanedrín.

Cierto que Jesús supo que iba a morir en manos del sanedrín. Pero cuando eso ocurrió, él ya había enseñado a sus discípulos y su misión ya había finalizado. Su muerte, sin embargo, tenía que ser recordada y por ese motivo, fue tan dramática y perturbadora. No fue una crucifixión más, fue más traumática porque cayó sobre él toda la ignorancia de aquellos que lo rodeaban. Sufrió todos y cada uno de los castigos romanos. Fue el arma definitiva para convertirlo en mito.

Jesús mismo en su última noche, alzaba su pensamiento a Dios preguntándole si en verdad era necesaria esa calamidad de muerte. Pero sin duda lo fue, la cruz es el símbolo del cristianismo. El sufrimiento es el arma del conocimiento en nuestra vida material. Claro está, el sufrimiento como medio, no como fin. Pues nuestro fin es hallar el conocimiento y cuando se comprende, no se sufre.

Jesús, el gran médium

Hasta Jesús, los hombres de Dios, entendiendo como tales, aquellos con el don de la mediunidad, para dar conocimiento espiritual y guiar al resto de los hermanos materiales; habían sido médiums primitivos.

Oían voces espirituales, esperaban visiones y sueños. Interpretaban aquello que veían o oían de la mejor manera posible. Se trasmitía lo poco que se sabía de padres a hijos, con la esperanza de que al primogénito Dios le concediera ese don.

La Biblia o lo que queda de ella, está repleta de historias de esos profetas, de experiencias entre Dios y los hombres. Del pueblo de Israel, aquel que Dios escogió para darles conocimiento espiritual, pues hasta entonces reinaba el politeísmo y la brujería.

Pero Jesús es punto y aparte. No es un profeta más. Y no estamos hablando por el hecho de que fue su vida misma la gran profecía. Sino que Jesús es el médium que de forma completa, ve y comprende porque recibe directamente de Dios mismo su mensaje a través de la telepatía. A veces directamente de Dios, a veces a través del Espíritu Santo o cualquier otro hermano superior, en todo caso, interpreta con claridad el mensaje de forma inequívoca de Dios mismo. Sin interpretaciones mediocres o parciales como hasta ese momento, no porque el mensaje no viniera de forma directa o indirecta de Dios mismo, Dios no hace diferencias entre sus hijos, sino por la falta de desarrollo del médium mismo.

Este hecho es importante porque Dios con Jesús abre la puerta a un nuevo concepto de mediunidad. De la misma forma que con Jesús abre la puerta de nuestra inteligencia para prosperar, abre también la puerta del desarrollo de la mediunidad para engrandecer la relación del mundo material con el espiritual.

A partir de entonces, el don de la mediunidad se acrecienta en número y grado. Este hecho forma parte de la revolución espiritual del Cristo. Que estos médiums hayan prosperado y se hayan unido a su causa, es otra cosa, en todo caso, la oportunidad está ahí como siempre, en nosotros.

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